Opinión

Europa va con el paso cambiado

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Las grandes potencias económicas, tanto hablando de países como de empresas, invierten cada vez más en activos intangibles y menos en activos materiales. Éste es el secreto de las omnipresentes compañías tecnológicas que se extienden por todo el mundo y por todos los sectores galopando… O, mejor dicho, parte del secreto de las grandes tecnológicas porque estas empresas saben monetizar su capacidad de datos, cada vez adquieren un mayor protagonismo y creciente dominio publicitario, crean y distribuyen contenidos, streamingeando todo lo habido y por haber: música, cine, televisión, etc. Estas firmas son expansivas e invasivas y están tecnologizando prácticamente todos los sectores.

Sus cuentas de resultados están aligeradas de gastos de estructura, reducidos a la mínima expresión. En cambio, sus esfuerzos en inversiones intangibles dejan huella en sus cuentas de resultados con notable peso específico y son la energía que mueve los motores de sus apabullantes cifras de negocios y de sus abultados beneficios. Ni qué decir tiene que la mayoría de las empresas líderes son norteamericanas. Invierten en innovación porque entienden que ésta es la clave de la productividad del siglo XXI. Apuesta descaradamente por la tecnología porque esto es lo que incrementa valor añadido. Confunden creativamente servicios e industria, convirtiendo su tecnología en producto de gran consumo. Saben invertir en su negocio y soslayan tentaciones de cualquier índole que les impidan fijarse en sus objetivos a medio y largo plazo.

Crecen en todos los sectores, por eso son a la vez empresas expansivas e invasivas, penetrando en el sector financiero, musical, cinematográfico, automovilístico, salud, etc. Se involucran a fondo comprometiéndose al límite con su negocio vocacional. Rinden culto al accionista mimando al capital con recompras de acciones y suculentos pagos de dividendos. Reducen claramente el desempleo mejorando la calidad del trabajo y provocando un crecimiento más inclusivo y robusto, con buenos salarios, ofreciendo oportunidades profesionales. Y crean y desarrollan hábitats empresariales confortables, por eso se instalan ahí donde se les dan facilidades y compensan ampliamente a sus lugares de acogida –como Irlanda, por ejemplo–, dando rienda suelta a su creatividad, evitando trabas y obstáculos, renegando de corsés burocráticos y de acosos fiscales, en fin, pisando la senda de la libertad económica.

Pues bien, entretanto, en Bruselas se reúnen los ministros de finanzas de la Unión Europea para ver cómo se grava –a modo de castigo por su protagonismo y avance tecnológico– a Apple, Google, Amazon, Facebook y compañía. ¡Todos quieren arremeter fiscalmente contra esas grandes empresas! Al margen de la efervescencia recaudatoria, lo que se pone en evidencia es el absoluto fuera de juego en que se halla el progreso tecnológico en esta Europa anquilosada, agarrada a evocar su pasado y sin saber ver el mañana. Con razón, los responsables de esas grandes empresas tecnológicas dicen que a Europa le corroe la envidia por estar paralizada económicamente. ¿Quo vadis Europa del alma?

Dudas sobre Apple

mientras escribo estas líneas, se asiste a un cierto desplome de las tecnológicas en Wall Street con Apple, la compañía de la manzana, como protagonista, perdiendo la mítica cota del billón de dólares de capitalización. Algo hay que no gusta en los mercados financieros y las dudas se centran en las previsiones de ventas de Apple: se presume una contracción. Puede ser una simple tormenta otoñal o, quién sabe, si los indicios de un reajuste en cotizaciones excelsas.

Sin embargo, las cuentas de Apple correspondientes al ejercicio cerrado el pasado 29 de septiembre han gustado, por una parte, pero por la otra no han acabado de convencer. Y eso pese a que la firma de Steve Jobs durante el último año ha desembolsado 86.450 millones de dólares -¡Qué se dice pronto pero es una suma impresionante!- entre pago de dividendos y recompra de acciones, sus ventas con 266.000 millones de dólares han roto registros y su beneficio neto después de impuestos es de 59.531 millones, lo que sobre unos recursos propios de 107.147 millones arroja una rentabilidad financiera del 56% –algo simplemente espectacular–, con más de 237.000 millones entre cash e inversiones financieras en su activo a 29 de septiembre de 2018. ¿Será una fina tormenta bursátil en Wall Street o se agitan tempestades financieras por sobrevaloraciones? 

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